Hikita Masao 疋田雅夫: Elogio de la sombra 陰翳礼讃

Elogio de la sombra[1]

“(…) en la estética tradicional japonesa lo esencial es captar

el enigma de la sombra. Lo bello no es una sustancia en sí sino

un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición

de las diferentes sustancias que va formando

el juego sutil de las modulaciones de la sombra.”

 

     En la última cena que compartimos en Kyoto con Hikita Sensei, le preguntamos si era posible escribir sobre él en nuestra página. Escribir sobre él significaba un intento de poner en valor la labor de aquella persona que con tanta generosidad nos había abierto las puertas de su casa tradicional en Kyoto y aún con más generosidad, nos había enseñado todo aquello que, según sus palabras, eran sólo el principio de un largo camino en torno a la caligrafía.

Masao Hikita Sensei se inició a los nueve años en el mundo de la pintura Sumi-e y el Shodo gracias a las enseñanzas de su abuelo paterno (de quien nos habló como quien recuerda el tesoro más importante de su vida). Desde entonces ha estado vinculado de manera ininterrumpida a esta práctica y actualmente se dedica a la enseñanza del Shodo y a la producción de obras caligráficas, centrándose en la escritura de antiguos poemas chinos. Pero además, es un conocedor de las artes japonesas tradicionales en general y un especialista  -como pocos– en el manejo de los materiales y todos los procedimientos inherentes a las artes del pincel.

     Un día de Momiji, en su estudio abigarrado de pinceles, papeles de fibras vegetales, colecciones de suzuri (s) y pinturas sobre kakejiku(s), nos ofreció una demostración de caligrafía en gran formato, utilizando como excusa un antiguo poema chino. Su asistente y aventajado alumno, Nakamura-san, le ayudó con total respeto y generosidad a organizar los materiales de trabajo. Este momento de absoluta belleza (el cual compartimos con todos vosotros en nuestras redes sociales a través de un vídeo) significó para nosotros una experiencia invaluable, trascendente y nos movilizó hasta las lágrimas.

Tuvimos el orgullo de ser el primer grupo de estudiantes -no japoneses- en su carrera docente, afirmándonos –con posterioridad– que le gustó la experiencia. Y a nosotros aún más, nos transformó como sólo tiene el poder de hacerlo un Sensei.

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     En la última cena que compartimos en Kyoto con Hikita Sensei, le preguntamos si era posible escribir sobre él en nuestra página. El nos respondió que habláramos de nosotros, no de él. El prefiere permanecer en la sombra, en ese juego sutil de las modulaciones de la sombra que tanto nos interpela, nos deslumbra y embellece.

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[1]– El título de este texto está tomado título homónimo del ensayo del clásico escritor japonés Junichiro Tanizaki (1933)