Li Chi Pang 李 濟 邦, la transformación de la pintura – Luciana Rago.

Posted by on Jul 2, 2014 in Blog, Pintura japonesa | No Comments

“La pintura muestra decisiones (ocultas) del pensamiento;

muestra su singularidad en funcionamiento”

(JULLIEN; 2008, p. 303)

 

     Así como Leonardo Da Vinci (Florencia, 1452-1519) escribió el famoso “Tratado de la pintura” (1498 aprox.), dejando un valioso documento para comprender los inicios del método de la perspectiva, también en la tradición china pueden rastrearse algunos escritos que resultan de singular importancia para conocer las reglas que aún hoy persisten en aquella tradición pictórica. Uno de los más antiguos, es “El registro de la clasificación de los antiguos pintores” escrito por Xie He (siglo V), considerado uno de los primeros historiadores y críticos del arte asiático. En el prefacio se hallan explicados los “Seis Principios o Cánones fundamentales de la pintura”, preceptos íntimamente entrelazados en la cultura china precisamente por su cercanía con la filosofía taoísta. Según la traducción realizada por Yasunari Kitaura (y con algunas anotaciones propias) estos seis principios originales podrían interpretarse del siguiente modo:

1)     Movimiento o presencia viva de espíritu del objeto. En este punto el autor se refiere a ese concepto central en las artes orientales: el aliento primordial que otorga vitalidad a cada pincelada transformando la imagen en plenitud visual.

2)     Firmeza y precisión lineal en el modo de usar el pincel. Aquí se refleja la importancia de estructurar correctamente el/los objeto/s, el esqueleto que los determina. Este preciso manejo debe llevar a la creación de la armadura del motivo, es decir, reproducir el contorno, la morfología reconocible de lo que se pinta.

3)     Fidelidad en la captación de las formas. Implica correspondencia con el objeto, veracidad en la captación de la realidad y es quizás el principio más vinculado a un rigor formalista e incluye la utilización de la línea para el perfilado de esa realidad.

4)     Según cada cosa su color. Aquí reside la necesidad de dotar de colores veraces a la obra, una adecuación al tipo o aplicación del color que incluye las capas superpuestas que varían su valor y su croma.

5)     Componer los elementos situando cada uno en su lugar adecuado. Expresa cómo deben ser dispuestos los elementos compositivos, los planos y las distancias del espacio para poder crear profundidad.

6)     Copiar lo modelos clásicos de forma que la tradición se perpetúe. Este último canon, menciona un aspecto clave: la importancia de aprender de los maestros antiguos para ampliar nuestros conocimientos y a la vez hacer perdurar su arte por este sistema.  Se debe tener en cuenta la copia de la naturaleza, ya que éste es el tema por excelencia de la pintura taoísta, mientras que la copia de pinturas clásicas no debe ser entendida como transcripción mimética, sino como un ejercicio de interpretación personalizada del mismo. En este punto, se debe considerar que la tradición china se encuentra lejos de la “exigencia de semejanza” (entendida como semejanza de la forma) que prevaleció durante varios siglos en la tradición pictórica europea.

    Cada una de estas prescripciones estéticas debe ser leída en el marco de un sistema visual mucho más amplio y puesto en relación con ciertas condiciones culturales, políticas y sociales que le dieron origen, por lo que su abordaje en profundidad requeriría de sucesivas páginas.

     En relación a este último canon, me referiré a la obra del Maestro Li Chi Pang quien considero un artista ineludible de la tradición pictórica oriental en España. Li Chi Pang nació en la provincia de Kwang Tung (China) en 1940 y a los catorce años comenzó sus clases de pintura con Chen Dan-Cheng y ChianYu-Chung. Hacia 1965 obtuvo el título de “Licenciado en Literatura” por la Universidad de “500 Cho” de Taiwán. Para él (como para Henri Michaux y tantos otros artistas) existe una exquisita dependencia entre pintura y escritura y son complemento una de la otra. Cabe destacar que su actividad más prolífica  y visible gira en torno a la producción de pinturas donde la naturaleza es el tema recurrente. Desde 1966 y de manera ininterrumpida también ha ejercido la docencia y ha realizado exposiciones y talleres de demostración de pintura en diferentes ciudades de España y China.

      Se define asimismo como un pintor que posee la libertad para moverse de un motivo a otro. En sus pinturas aparecen gallos, montañas elevadas, monjes caminando hacia esas montañas elevadas, caballos que galopan intensamente y flores que parecen estar flotando en una superficie tersa: todos y cada uno de ellos realizados siempre con excepcional maestría. Y es que verdaderamente, como afirma Françoise Jullien “Lo que expresa [este] pintor a través de la forma es el fenómeno de la trans-formación de la vida –no habría en definitiva ningún otro objeto posible para la pintura–” (JULLIEN; 2008, p.336). En cada clase soy testigo de esa transformación de la vida, viendo al maestro Li Chi Pang pintar en su pequeño estudio al fondo de una tienda de alimentación en el centro de Madrid. Tengo el privilegio de ver cómo lo inmanente de un bambú trasciende sobre el papel de fibras vegetales, presenciar la espontaneidad de sus trazos realizados sin esfuerzo alguno: cada pincelada está interiorizada como cada respiración.

 

“Un buen pintor no experimenta dudas ni hesitaciones durante la ejecución

y no tiene la necesidad de realizar esbozos preparatorios o bosquejos,

ya que éstos lo «encadenarían de antemano»”

(JULLIEN; 2008, p. 332)

 

     Este ejercicio de la pintura a puertas abiertas no hace más que afirmar la idea de pintura en tanto transformación, una alquimia en acción, la transmisión del aliento vital. El sentido de este accionar tan habitual en los pintores orientales no ha perdido vigencia, sino que se reactualiza en cada puesta en escena. Al respecto Li Chi Pang considera que no existiría diferencia alguna entre la pintura tradicional china y la contemporánea, sino que sería algo así como las partes de un todo. El maestro afirma que “la tradición es como una raíz que se va desarrollando hacia la luz y la flor sería lo contemporáneo”. De este modo, el pasaje entre lo clásico y lo contemporáneo no sería abrupto, como parte de compartimentos estancos, sino una continuidad que fluye, se transforma y se enriquece con el tiempo. Es un privilegio conocer la tradición pictórica oriental a través de Li Chi Pang y así hacer perdurar su arte por este sistema.

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BIBLIOGRAFÍA:

– JULLIEN, F., 2008. “La gran imagen no tiene forma”, Alpha Decay, Barcelona.

KITAURA, Y., 1991. “Historia del Arte de China”, Cuadernos de Cátedra, nº 28, Madrid.

* Texto de Luciana Rago publicado en la revista Verdemente – nº181 Julio-Agosto 2014 

 

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